miércoles, 2 de julio de 2014


Siempre amé tus silencios.
Me los bebí despacio,
y aprendí a distinguirlos
por el suave temblor de tu labio inferior,
por el frío contundente de tus manos,
o el latido callado de tu cuello.
Siempre amé tus silencios.
Por desgracia,
aquello no lo supe,
hasta mucho después.

4 comentarios:

impersonem dijo...

A la luz de la experiencia se ven las cosas con más perspectiva...

Un abrazo.

Rochies dijo...

cuando se ama se ama el todo completo hasta aquellos silencios que puedan hacernos sentir distancias.

Mertxe dijo...

Buenos días, Marisa. Encantada de redescubrirte... aunque nunca te he olvidado. La vida, ya sabes...

Ybris dijo...

Recordada Marisa.
Como soy más de blogs que de Facebook, me gusta pasar por los tuyos para leerte y comprobar que aún subsiste el enlace a mi abandonado blog "Vacío" (nomequedo.blogspot.com) que dejé en silencio hace ya muchos años.
A través de enlaces compartidos con Miguel Ángel Yusta, Luisa Miñana y Paquita seguía tus palabras en la red. Coincidimos en algunos encuentros poéticos y una vez -creo que en la Iglesia madrileña del Buen Suceso el 22 de diciembre de 2009- en una actuación de mi Coral Ciudad de los Poetas, cuyo blog (https://corociudaddelospoetas.wordpress.com/) fundé y mantengo habitualmente.
Diariamente sigo tu Facebook, como continuamente venía haciéndolo con el del inolvidable Rafa León, al que nunca escribí pero al que tanto debo.
Como quien pasó medio siglo dedicado a la enseñanza de la que se jubiló ya hace más de diez años, vengo compartiendo tus vivencias como profesora desde la empatía que la experiencia comporta.
Desde aquí todo mi apoyo y mi aliento a cuanto haces. A pesar de posibles críticas y sinsabores nuestras huellas quedan como prueba fehaciente de la inmortalidad que nadie podrá jamás arrebatarnos.
Besos.

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