miércoles, 2 de julio de 2014


Siempre amé tus silencios.
Me los bebí despacio,
y aprendí a distinguirlos
por el suave temblor de tu labio inferior,
por el frío contundente de tus manos,
o el latido callado de tu cuello.
Siempre amé tus silencios.
Por desgracia,
aquello no lo supe,
hasta mucho después.

2 comentarios:

impersonem dijo...

A la luz de la experiencia se ven las cosas con más perspectiva...

Un abrazo.

Rochies dijo...

cuando se ama se ama el todo completo hasta aquellos silencios que puedan hacernos sentir distancias.

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