sábado, 23 de agosto de 2008

Compras a plazos


¡Por fin en casa! Cerró la puerta tras de sí y apoyó la espalda contra ella mientras esparcía por el suelo las bolsas que sus dedos apenas podían sostener. Se quitó los zapatos con un leve movimiento de sus pies y sintió el frío del parquet a través de sus medias. Aquel fue un momento de placer, ella que tan pocos placeres se daba últimamente… Aquel había sido un día de orgía consumista, de compras compulsivas sin razón ni sentido. Pero claro, ¿quién podría resistirse al joven vendedor trajeado que se había dedicado a ella en cuerpo y alma, halagando su maltrecho ego de cuarentona y subiendo como la espuma su malherida autoestima? Y luego aquella frase mágica, que en sus labios era como una invitación a la lujuria: ”Cómprelo ahora y páguelo en cómodos plazos”. Y claro, ¿qué podía haber hecho ella sino echar mano de su tarjeta y lanzarse al abismo de la deuda bancaria?

Pero ahora, lejos del fragor de la batalla, viendo las bolsas llenas de ropa de marca, y de complementos a juego, y de perfumes carísimos, estaba a punto de romper a llorar , cuando, de pronto, una idea iluminó su mente y se dijo a sí misma, parafraseando a la “señorita Escarlata” y recuperando así su dignidad perdida : “¡Ya lo pagaré mañana!”

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