lunes, 7 de abril de 2008

Historias del corazón...( A modo de prólogo)


Somos muchos los que albergamos la secreta esperanza de que aquel que nos amó una vez, pueda seguir amándonos todavía un poco...Cada historia de amor deja una huella en nuestro corazón que poco o nada tiene que ver con la duración, sino más bien con la intensidad de lo vivido. Hay amores que, aun siendo muy breves en el tiempo real y objetivo, permanecen inalterables en nuestro recuerdo.
Son las historias del corazón, esas que nos hacen ser quienes somos, que nos marcan para siempre y que se empeñan en regresar a nuestra memoria con una palabra, con un olor, con una imagen o con una canción…



Ahora, desde su mirada serena de mujer madura, desde su aparente vida segura y confortable, Claudia ha descubierto papeles olvidados, amarillos, dormidos. Incólume y perfecta, la imagen de su rostro se hizo recuerdo hoy. Certeza inevitable, dolor de lo perdido, de lo nunca vivido ( "los amores cobardes no llegan a amores...").

Tenía sólo diecisiete años cuando le vio por primera vez. Llegó a su vida una mañana de otoño, con su abrigo negro , su carpeta bajo el brazo, su mirada lejana y su extraña tristeza. Vino lleno de poemas, de frases inacabadas, de mariposas en las manos y en los labios, y de un silencio antiguo que no se podía llenar con palabras... A su lado descubrió , aprendió, sintió, se emocionó. Él siempre fue para ella el POETA, el ARTISTA, el ÁNGEL CAÍDO. No supo decirle cuánto le amaba, cuánto le necesitaba, ("nunca decían palabras de amor, tan sólo acercaban sus bocas y las entregaban enteras (...)"). Nunca entendió por qué se alejaron, por qué tuvo miedo, por qué buscó aguas menos profundas, menos oscuras, aguas que no podían calmar su sed... Todos aquellos años guardó su dolor y lo disfrazó con sus sonrisas de niña ingenua y juguetona. Jugó al amor con otros cuerpos mientras le veía cada día viviendo un amor que sí supo estar a su lado, que no se asustó. Muchas veces estuvo a punto de pararle en alguna esquina y abrazarse a él y decirle cuánto lo amó, lo amaba... Pero en lugar de eso dejó pasar el tiempo, los años, la vida. Primavera, verano, otoño, invierno, olvido...

Muchos años después encontró unas manos tendidas que le recordaron aquellas bellas manos, delgadas, temblorosas; y se dispuso a amar . Despertó a su corazón aletargado. Se quitó los ropajes, los disfraces, los miedos. Le descubrió de nuevo en un hombre distinto , y se pusieron nombres para poderse amar.

3 comentarios:

Mauro dijo...

Me pierdo en detalles que no son tan detalles... Quién es Claudia.

María José dijo...

Qué bonito

JuanR Cuchhi dijo...

“Algunos de los genes de la capacidad intelectual son probablemente genes del deseo antes que de la capacidad: colocan a su poseedor en disposición de querer aprender”. Matt Ridley (Genoma)

Empiezo a leerte de cero...como un viaje a la inversa de Tu Cultura.

besos Amiga

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