domingo, 27 de abril de 2008

Ojalá...


Ella también había renunciado a la nostalgia, pero siempre que las notas de una canción de Silvio llegaban hasta ella, el viaje al pasado era inevitable. Por aquella ventana abierta a lo que fue y no fue -o a lo que pudo haber sido-, se colaban olores, sensaciones, silencios... Como hojas caídas, abonaban el suelo de su melancolía y la transportaban a paisajes de un tiempo sin retorno. "Ojalá que las hojas no te toquen el cuerpo cuando caigan". Y el eco que repite: ojalá, ojalá, ojalá...


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