No siempre el cielo nos resguarda
de una sentencia inapelable.
A veces es él mismo la condena:
mirarlo y no entender,
no aceptar ese oscuro desafío,
no tener fuerzas(no querer tenerlas),
no poder retomar ese sendero
que nos devuelve al punto de partida.
No siempre el cielo es la respuesta,
es en sí mismo una pregunta
que nos devuelve a las raíces…
aunque una parte oculta de nosotros
ha de negarse siempre a regresar.
"Hay cosas que el realismo no puede captar, que sólo son captadas por la poesía. Es una cuestión de lenguaje" Anaïs Nin
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viernes, 9 de marzo de 2012
domingo, 15 de marzo de 2009
Nubes

Hoy mirarás las nubes
que acarician el cielo, suavemente...
Pinceladas de blanca lejanía,
misterios de la luz en tu retina,
viajando hacia el ocaso, indiferentes.
Perseguirás sus formas imposibles
corriendo tras su rastro,
pero será imposible, no podrás
alcanzar su fugaz
e incorpórea existencia.
Intentarás rozar su levedad
y todo será inútil, vano esfuerzo.
Y las dejarás ir,
en su último rumor,
mecidas y arrulladas por el viento.
que acarician el cielo, suavemente...
Pinceladas de blanca lejanía,
misterios de la luz en tu retina,
viajando hacia el ocaso, indiferentes.
Perseguirás sus formas imposibles
corriendo tras su rastro,
pero será imposible, no podrás
alcanzar su fugaz
e incorpórea existencia.
Intentarás rozar su levedad
y todo será inútil, vano esfuerzo.
Y las dejarás ir,
en su último rumor,
mecidas y arrulladas por el viento.
sábado, 28 de febrero de 2009

El cielo de Madrid
tiene un atardecer que nos atrapa,
que oculta los perfiles
y tiñe de silencio malva y rosa
el horizonte lejano e imposible.
El ocaso no sabe de retrasos,
de esperas, de demoras...
Es siempre puntual
y no falta a su cita, insobornable.
El cielo de Madrid, cuando anochece,
desdibuja los límites posibles,
y busca la nostalgia
de las manos vacías,
y de las soledades encontradas.
tiene un atardecer que nos atrapa,
que oculta los perfiles
y tiñe de silencio malva y rosa
el horizonte lejano e imposible.
El ocaso no sabe de retrasos,
de esperas, de demoras...
Es siempre puntual
y no falta a su cita, insobornable.
El cielo de Madrid, cuando anochece,
desdibuja los límites posibles,
y busca la nostalgia
de las manos vacías,
y de las soledades encontradas.
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