
El cielo de Madrid
tiene un atardecer que nos atrapa,
que oculta los perfiles
y tiñe de silencio malva y rosa
el horizonte lejano e imposible.
El ocaso no sabe de retrasos,
de esperas, de demoras...
Es siempre puntual
y no falta a su cita, insobornable.
El cielo de Madrid, cuando anochece,
desdibuja los límites posibles,
y busca la nostalgia
de las manos vacías,
y de las soledades encontradas.
tiene un atardecer que nos atrapa,
que oculta los perfiles
y tiñe de silencio malva y rosa
el horizonte lejano e imposible.
El ocaso no sabe de retrasos,
de esperas, de demoras...
Es siempre puntual
y no falta a su cita, insobornable.
El cielo de Madrid, cuando anochece,
desdibuja los límites posibles,
y busca la nostalgia
de las manos vacías,
y de las soledades encontradas.