
Porque una vez tuvimos quince años,
y los portales fueron el refugio,
y corrimos descalzos por el parque,
y tejimos silencios y torpezas,
y dejamos atrás la ciega infancia
con el beso que inicia una tormenta...
Se perdió para siempre la inocencia,
y el fértil Paraíso
de la niñez perdida,
dejó caer sus manzanas
a nuestros pies desnudos.
Y luego flores muertas
rodando por mi vientre,
en una noche eterna
de estrellas lapidadas...
Y un día, no quedaron
palabras suficientes:
sólo inercia, desidia
y el miedo de perderse.
Y al fin, sólo disparos,
y dos farolas rotas
sangrando, lentamente, nuestros nombres.
Este poema es una versión , no especialmente diferente, de un poema que escribí el 3 de noviembre de 1989. Tenía toda la juventud corriendo por mis venas y mucho que aprender, pero me ha sorprendido, al volver a leerlo , su similitud con lo que había empezado a crear hace sólo unos días. Así que dejé que se fusionaran ambos poemas . Las dos primeras estrofas desde el hoy tienden la mano a las dos últimas, llegadas del ayer, para quedarse...Un abrazo. Me escapo otra semana a respirar mar y verde. Es mi última escapada de este verano que ya toca a su fin.