Ella siempre supo de qué material estaban hechos los sueños... Algunos eran de papel transparente, otros de fino cristal; algunos de humo, otros de plomo y piedra. Los había también de viento y hojas secas, o de tierra mojada. Sabía que, al despertar, dejaban distintos regustos en los labios: a miel, a sal, a lágrimas, a pan recién hecho, a naranjas amargas...
Los sueños forman parte de lo que somos y ella recolectaba los suyos dispuesta a encontrarse y a reconocerse en ellos.(...)
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Fragmento del cuento "La vendedora de sueños" de mi libro Enredando historias , ed. Bubok
