
Esta luz no es la luz que yo buscaba.
No es vuestra voz el canto que me acuna
en el angosto túnel del recuerdo.
No sois vosotros los que quise un día,
los que nombré, uno a uno, por su nombre.
No sois vosotros, no, los que creí que erais.
Por fin se hizo la luz...
mas no es esa la luz que yo buscaba.
Ahora sé a qué vinisteis:
a llevaros los restos del naufragio,
los despojos, harapos de mis penas.
Ahora sé dónde habita la mentira,
la he visto...
Yo me he dado la vuelta lentamente.
¿Qué me importan a mí vuestras injurias?
Sé quién soy:
tan pequeña, tan frágil, tan humilde...
Pero no os engañéis,
soy fuerte como el junco de la caña de azúcar:
me doblo y no me rompo fácilmente.
Por eso sigo aquí,
porque aquí me plantaron mis mayores,
en esta tierra fértil
poblada de palabras y utopías,
como ellos: deshauciados,
pero invencibles, siempre,en la profunda dignidad de su derrota.