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jueves, 21 de octubre de 2010

Variaciones de un poema a dos tiempos.

A todos los que han dejado en mi vida tardes para recordar....

(I)

Hay tardes que se instalan en el alma
porque ese es su lugar definitivo,
y momentos felices y perfectos
grabados para siempre en la memoria.
Hay veces que la vida nos sonríe,
y nos regala a penas un instante
de gozo memorable, irrepetible...

(II)

Hay un tiempo de luz
que ilumina el silencio,
y dota de sentido a lo que somos,
al profundo y mortal desasosiego
de no encontrar respuestas a los signos
que acotan, para siempre, las incógnitas.

domingo, 8 de febrero de 2009



Fue una tarde dorada
-cual manzana de otoño-.
El cielo sostenía su perfección ignota,
en tus ojos brillaba la luz de lo posible
y tus manos guardaban la caricia entregada.


Nada podía romper la magia de ese instante,
la belleza de un tiempo donde todo se ignora,
y las hebras del sol tejían luz en tus labios
entreabiertos al mundo, dispuestos para el beso.


Todo era luz y fuego debajo de las ropas,
todo era viento y lluvia en tus besos de otoño,
y mariposas blancas habitando tus manos,
y temblor de inocencia, y huecos encontrados.


Fue una tarde dorada que quedó en el recuerdo...
una tarde cualquiera, una tarde soñada.
Una tarde de luz, de cielo, de ojos claros,
de besos, de caricias, de silencios gastados.

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