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miércoles, 18 de agosto de 2010

Escucho el aleteo de tu risa
veo el imposible vuelo de tus manos,
la insoportable curva de tu boca,
tan suave,
tan rotunda,
tan perfecta.

Me envenena tu absurda lejanía,
tu silencio obligado y oportuno,
la distancia, los cuerpos paralelos,
las palabras que nunca pronunciamos,
por miedo, por pudor,
por absurda prudencia.

Me consume saber que ya no hay tiempo,
que se agotó la fuente inagotable,
que no hemos de beber las mismas aguas,
que abrazaremos cuerpos diferentes
y no me arrastrarán tus labios fríos,
al oscuro deseo
para siempre enterrado.

Escucho, me enveneno, me consumo.
Acepto, como un reo, mi condena.

Conozco de memoria tu silueta,
la tibieza, el aliento  de tu cuerpo:
tan necesario aún,
tan doloroso.
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lunes, 28 de septiembre de 2009

Yo no quiero ser yo...


Yo no quiero ser yo si tú me faltas,
ni me vale la vida sin tu risa...
¿Qué puede ser mi cuerpo sin el tuyo,
mas que sombra borrando la mañana?


Hoy escuche tu ausencia
y la supe infinita, irremediable.
Cartas, papeles viejos,
y aquella alcoba muerta
sepultada en silencios,
es todo cuanto queda en la memoria.




Nada me vale ya...


Recojo mis pedazos
para recomponerme.
Me rehago, me habito, me enderezo.
Retomo lo que he sido,
lo que aún queda.


Mas no puedo ser yo... por más que insista.






sábado, 12 de septiembre de 2009




"¡Oh noche, más oscura en nuestros brazos!"
J.Guillén


La noche nos cubrió con su penumbra.
Feliz infinitud la de tus brazos,
adormecida luz
que acaricia perfiles imposibles
e ilumina los huecos prometidos.
¡Qué noche tan oscura e infinita,
abrazada a tu cuerpo, fuerte y sabio,
alfarero del barro de mi vientre!

Pont Neuf era un misterio concebido
para ser descubierto con las primeras luces,
dejando atrás un lecho abandonado
de sábanas gastadas.
En las horas confusas
de una mañana gris
vestida de silencios y ternura,
París nos esperaba
con la sonrisa puesta,
dispuesta para ser inolvidable.

miércoles, 11 de marzo de 2009

La oscura cabellera del deseo



La oscura cabellera del deseo
me envolvió en su perfume.
Me embriagó de sabores imposibles
y me enseñó un oculto pasadizo.


Y al hundirme en tus ojos infinitos,
todo el misterio del océano
se resolvió en espuma.
En tus trémulas manos
sostenías el mundo,
y entregabas entera
tu boca de oficiante
oscura y prometeica.

Nos amamos despacio
en un rito silente,
y todo cuanto era
se paró en ese instante.

Dejó de ser, por un breve segundo,
calma total, nocturna indiferencia.
Y estábamos allí,
solos, nosotros mismos.
Parte toda del otro, indivisibles.
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sábado, 7 de marzo de 2009


Imagen: N. Tomas

"Yo no te quiero así
disfrazada de otra.."
P. Salinas

Has llegado hasta mí
vestido de ti mismo.
Me enseñaste el reverso de tus pliegues,
el borde de tu nombre
y el imposible abismo de tus huecos.

Yo he llegado hasta ti
disfrazada de otra,
ocultando mis íntimos vestigios,
mis profundas heridas y mis miedos.

Nada podrá vencer esta distancia,
esta antítesis cruel que nos separa.

Y pasarán los años y las lágrimas,
y nada quedará de nuestros trajes,
esos que nos pusimos,
indefensos y frágiles,
para poder amar,
sin miedo a la derrota, ni al olvido.

domingo, 8 de febrero de 2009



Fue una tarde dorada
-cual manzana de otoño-.
El cielo sostenía su perfección ignota,
en tus ojos brillaba la luz de lo posible
y tus manos guardaban la caricia entregada.


Nada podía romper la magia de ese instante,
la belleza de un tiempo donde todo se ignora,
y las hebras del sol tejían luz en tus labios
entreabiertos al mundo, dispuestos para el beso.


Todo era luz y fuego debajo de las ropas,
todo era viento y lluvia en tus besos de otoño,
y mariposas blancas habitando tus manos,
y temblor de inocencia, y huecos encontrados.


Fue una tarde dorada que quedó en el recuerdo...
una tarde cualquiera, una tarde soñada.
Una tarde de luz, de cielo, de ojos claros,
de besos, de caricias, de silencios gastados.

viernes, 16 de enero de 2009

Noches insomnes


Fernando Sarría se ha llevado este poema a Crepusculario , un rincón de poesía que merece la pena visitar. Gracias Fernando por este regalo que le haces a mis versos...



Me gusta recordarte en las noches insomnes,
beberme lo que fuiste sorbo a sorbo,
palparte, palmo a palmo, en mi memoria
y rescatarte así
de tu olvidada ausencia.

Me abrazo a la oquedad
de tu cuerpo en mi almohada,
y a los últimos restos del naufragio:
las arrugadas sábanas,
el viento en las persianas,
el olor a café,
el ruido de la ducha,
la ropa amontonada en una esquina,
tus pasos en el fondo del pasillo,
el ruido de una puerta que se cierra,
y tu tacto en la sombra de mis manos.

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