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| Imagen: Nicoletta Tomas |
¡Qué triste esta tristeza de domingo!
Se me pintó de gris la madrugada
y se marchó la luna
vestida de silencios.
¡Qué espeso este café de la mañana!
Sabe a lágrimas tibias,
sabe a cuerpos errantes,
sabe a dolor de invierno
y a ceniza en los labios.
¡Qué ajenos los ropajes que me cubren!
No pueden con mi cuerpo,
con la fatiga de mis pobres huesos,
ni con la oscura pena de los días
que arrastran, torpemente,
estos desconsolados calendarios.
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